Nace el primer whisky de malta asturiano: una epopeya entre la pasión y la burocracia
En el corazón del concejo de Las Regueras, en la pequeña localidad de Premió, una antigua casa de piedra conocida como "El palacio" guarda en su planta baja un secreto que lleva años gestándose. Allí, entre el brillo impecable de un cocedero y tres fermentadores de acero inoxidable, descansan dos alambiques de cobre bautizados con nombres que ya forman parte de la historia incipiente del whisky español: "Alma" y "Neverland". Todo está listo para que brote el primer whisky de malta de Asturias, pero la maquinaria apenas ha rugido. Detrás de este silencio industrial hay una odisea de papeleos, desencuentros y una resistencia feroz por parte de sus creadores: Lara Calderón y Derya Demirci.
"Nos trataron como si fuésemos contrabandistas, y eso antes de haber destilado una sola gota", recuerda Lara con una mezcla de incredulidad y cansancio.
Un regreso forzado que sembró una semilla
La historia de este proyecto arranca muy lejos de los verdes prados asturianos. Lara, palentina de Aguilar de Campoo criada en Villademar (Cudillero), y Derya, asturiano de Salinas con raíces turcas, construyeron sus vidas profesionales en el Reino Unido. Se conocieron en 2012 mientras trabajaban en Auberge du lac, un restaurante con estrella Michelin en las afueras de Londres. Ella, con formación en el mundo del lujo hotelero; él, un sumiller curtido en los fogones de Gordon Ramsay, en cruceros Disney y en algunos de los templos gastronómicos más exigentes del planeta.
Pero el Brexit primero, y la pandemia de covid después, actuaron como un doble empujón emocional y práctico.
- Finales de 2020: deciden regresar a Asturias, su tierra de origen y adopción.
- 2022: presentan el proyecto de destilería, conscientes de que no sería un camino de rosas.
- Reforman el edificio de Premió, un inmueble del que se enamoraron al instante tras visitar más de ochenta propiedades.
Todo parecía encaminado cuando, tras sortear los engranajes de la burocracia urbanística, se toparon con un muro inesperado: la Agencia Tributaria y el régimen de Impuestos Especiales que regula todas las bebidas alcohólicas.
El calvario administrativo que casi lo detiene todo
Lara y Derya sabían que el control de Hacienda sobre el alcohol es férreo, y en teoría lo consideran razonable. Sin embargo, la aplicación práctica les pareció desproporcionada. "Llegaron a precintar la maquinaria y querían hacer lo mismo con la puerta de la destilería para impedirnos el acceso sin su supervisión constante", explica Derya. La sensación de ser tratados como delincuentes sin haber cometido delito alguno fue una losa difícil de llevar.
Las dudas de los funcionarios se centraban en el proceso. "Les explicamos una y otra vez que no íbamos a fabricar cerveza, sino que el mosto de cerveza que generamos es solo una fase intermedia para destilar", señala Lara. El desconocimiento sobre cómo se elabora el whisky de malta single malt –que comienza malteando la cebada y generando un mosto que luego se destila– provocó retrasos de meses. "Lo que más duele es sentirse fiscalizado, observado y criticado sin haber empezado siquiera a hacer las pruebas", lamenta.
Para colmo, Derya ha tenido que buscar un trabajo a tiempo completo fuera del proyecto para mantener la economía familiar mientras los permisos se resolvían. "Esto tendría que llevar un año funcionando", repiten ambos, con la frustración aún fresca pero templada por la esperanza.
Contenido original en https://www.lne.es/adelantados/2026/06/08/primer-whisky-malta-asturiano-empieza-130958647.html
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